Ya calculaste cuántas porciones de comida necesitas preparar y ya buscaste en Pinterest recetas para variar un poco el menú. Bueno, acá un consejo: agrega marihuana.

Total, eso de ver zarzas ardientes –que no se consumen con el fuego– y peces bebiendo –y bebiendo y volviendo a beber– en el río no se logra fácilmente sin un poco de ayuda recreativa.

El tetrahidrocannabinol (THC, pa’ los parceros), solo es soluble en lípidos (grasas) y alcoholes. Por ello, todas las recetas parten de leche, mantequilla, alcohol o cualquier tipo de aceite infusionado con la yerba.

Ahora vamos con la mantequilla.

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Con ella se pueden hacer muchas recetas, como pasta, pollo cacciatore, dulces marroquís, o, pensando en la cena de Navidad, un filete con chimichurri, puré de papa y puré de camote con naranja.

Una de las ventajas de cocinar la marihuana es que se pueden usar todas las partes de la planta, incluyendo a las plantas macho. De menor a mayor, la planta tendrá efecto si las usas así: hojas de la planta macho; hojas de la planta hembra; manicura (las hojitas que le salen a las cogollos); y, finalmente, las flores. Entre más fresca la planta, mejor, sobre todo porque es más fácil de manejar.

Primero, necesitas un puño de yerba (unos 20grs): cinco o seis flores generosas vendrán bien. Es cuestión de que vayas calculando qué tan cargada la quieres. Aunque recuerda que toda mezcla tiene un punto de saturación (ja, seguro ahora te estás arrepintiendo de no haber puesto atención a la clase de química), entonces no por ponerle un kilo saldrá más pegadora.

El segundo ingrediente es medio kilo de mantequilla sin sal —no margarina, por favor—.

Llena con agua la mitad de una olla mediana. Calcula tres cuartos de litro y que quede suficiente espacio para la mantequilla. Empieza por calentar el agua (sin la mantequilla) a unos 60 grados, a eso de que si metes el dedo y te quemas, ya está. Es importante no dejar que hierva. Cuando pase eso, mete la barra de mantequilla y deja que se disuelva, siempre a fuego lento. Cuando no quede nada sólido, arroja la marihuana y mueve la mezcla de manera constante. Después de unos 15 o 20 minutos sube un poco la intensidad del fuego sin dejar de revolver –cuidando que no hierva el agua– durante unos cinco minutos más. Luego retira del fuego.

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Pasa la mezcla por un colador. Si es de tela, mucho mejor. Vacíala en un recipiente cualquiera y deja que se enfríe. Después métela a la nevera hasta que se endurezca por completo (eso tarda entre cuatro y ocho horas). Al sacarla, verás que la mantequilla, ahora de color verde, flota sobre el agua. Sácala de ahí y métela en un recipiente con tapa. Sí estás muy desesperado, úntala en un pan o en galletas. Recuerda, por vía gástrica, la marihuana tarda para producir el efecto. Varía entre media y una hora, así que sé cauto.

Ahora, el puré. En una olla con agua hirviendo pon unas cinco papas grandes y boniatos –papa dulce, y sí, en Colombia se consiguen–. Deja que se cocinen hasta que puedas introducir un tenedor o un cuchillo con facilidad. Luego quítales la cáscara y hazlos puré —con un machacador, un tenedor, o un procesador de alimentos—.

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Agrega una cucharada de mantequilla por papa y mezcla a fuego lento. Para humectar y adelgazar un poco el puré, agrega un chorro de leche tibia —si tienes leche con marihuana, mejor—. Luego revuelve todo hasta lograr la consistencia tersa y espesa que queremos en el puré. Sazona con sal y pimienta. Y listo.

El boniato es más suave y dulce que la papa, así que, antes de agregarle la leche, verifica la consistencia: si no, puede quedar demasiado aguado. Además, recomiendo que al puré de boniato no le pongas pimienta y que la sal sea sólo para potenciar el sabor dulce del tubérculo.

Si quieres que la diversión no se quede en las guarniciones, lleva la marihuana también al plato fuerte: carne. ¿Que dónde va la marihuana? En el chimichurri.

Hecho con perejil, orégano, toneladas de ajo, y un montón de aceite de oliva infusionado con cannabis, esta salsa —verde por todas las yerbas— es el acompañamiento perfecto para las carnes. Esta receta es cortesía de Maya Elisabeth, una de las mujeres detrás del proyecto pro-marihuana OM Edibles.

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Listo. Ya tienes una cena completa.

Finalmente, no está de más recordar que, dado el sabor intenso de la marihuana, todo sabrá un tanto diferente. Así que ve probando para que quede lo más rico posible. En el caso del puré de papa, es posible que la pimienta oculte el sabor de la hierba, aunque también puedes ponerle más mantequilla natural —no la verde— para disfrazar el sabor, y de paso hacer más cremoso y delicioso ese puré.

Si te sobra puré, por favor no lo dejes a la vista para que no te lo quieras comer cuando te dé la moncha. Puedes convertirlo en postre, bañándolo con leche condensada o mermelada.

Este artículo fue publicado originalmente en Munchies, nuestra plataforma dedicada a la comida.

FUENTE: VICE

 

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